UN ASUNTO DE IDENTIDAD

por Lola Luque
Paseando por la playa la vi sentada sobre la arena, con la mirada perdida en el horizonte. Me quedé observándola y recordé el día en que hablábamos sobre algunos temas existenciales, de la postura que adoptamos las personas ante ciertas circunstancias, de si te dejas llevar o te posicionas ante ellas.
Recuerdo que ella comenzó diciendo que un día buscó en el diccionario el significado de identidad y entre otros muchos encontró: “Carácter propio y diferenciado de un individuo o conjunto de ellos.” “Hecho de ser una persona o cosa la misma que se supone o se busca”. Esto la llevó a meditar sobre su propia identidad. Me decía:
-Desde pequeñita siempre anduve buscando mi propia identidad, procuraba ser yo misma, aceptando sin complejos lo que soy, para bien o para mal. Aprendía incansablemente de todo lo que me acontecía, de todo lo que me rodeaba, viviendo intensamente cada instante, cada momento para aprender, para así poder engrandecer mis conocimientos; también aprendía de todos aquellos que, de alguna manera, se cruzaban en mi camino. Me buscaba a mi misma cada día; intentaba mejorar, en lo posible, mi carácter; dando de mí todo lo que poseo que, aunque es poco para algunos, es mucho para mí, pues supone ser yo misma.
De la forma que lo decía parecía no tener importancia, yo me pregunté si verdaderamente lo sentía o sólo era en su imaginación. Pero continuó:
-Y es que es algo que muchos han hecho o llevado a cabo en sus vidas, y yo me pregunto, como muchos escritores cuando escriben un bello poema, ¿realmente lo han sentido, o simplemente se lo han imaginado?
Lo explicaba todo con tal énfasis que parecía ser verdad. No era imaginado o vivido desde fuera por otros. Se la veía totalmente involucrada, como queriendo llevar esas sensaciones al extremo. Recuerdo cuando contaba cómo le preguntó a su amiga de hacía más de 30 años, con la que había compartido tantos buenos y malos momentos, si esta amistad era sincera. Recibió como contestación que sí, pero que también era circunstancial; estamos solas y nos necesitamos. Entonces me preguntó:
-¿Crees que esos sentimientos son la amistad?
O bien cuando otro amigo recién incorporado en ese campo, le plantea cómo puede ser tan natural y darle a todo el mundo su amistad, su sinceridad y compañerismo, cómo puede compartirlo todo con todos.
La noté triste y pensativa al continuar:
-No lo comprendí en aquel momento, porque efectivamente es así, no entiendo cómo se puede ser de otra manera, lo que tengo es mío y de todos puesto que de los demás procede, si alguien solicita algo de mí, me desvivo por conseguírselo, no es ya tampoco por amabilidad, amistad o compañerismo, sino porque a mí nadie me ayudó a nada y en tantos momentos en mi vida necesité de tantas cosas.
Reflexioné sobre aquella mujer y en lo que decía, amistad, darse a los demás, soledad, términos que me hicieron sentir lo duras que son las relaciones entre semejantes.
-Soy de las que piensan que mi vida no tiene sentido si no es a través de los demás, que mi vida adquiere su sentido en el momento de la necesidad de los otros hacia mi persona. Muchas veces me tachan de extremista, precisamente por vivir tan intensamente, pero es que yo no sé cuándo voy a dejar de estar en este mundo, y quiero aprender todo lo que la vida me proporciona, en el mejor y más amplio sentido. Puedo ver la belleza en la más mínima expresión de vida, en una simple sonrisa, en un gesto amable. Y no, no entiendo a aquellas personas que sólo saben darle la vuelta a todas las cosas, a todos los actos, para hacer daño, para hundir a los demás.
Nuestra conversación se fue alargando y el día comenzó a caer. Los temas surgían unos tras otros. De la política, se expresaba en éstos términos:
-Es indescriptible lo que aprendí, viví y sufrí en el campo de la política. Pensé que como era crítica con ella, debía meterme de lleno e intentar cambiar lo que tanto me disgustaba, que la política no era sucia, que lo somos las personas que estamos en ella.
Y continuó:
-Pues bien, mi descubrimiento, lo que he hecho y lo mucho que no he hecho ha decepcionado tanto mi ser, mi forma de pensar y de ver las cosas, que no me atrevo a decir ni una sola palabra más sobre el tema.
El desánimo se hizo aún más evidente al tratar sobre las mujeres con palabras como “las mujeres, Dios mío, mis iguales, sin comentarios”.
Tocamos el tema del amor. La charla se volvió irónica, por su tono de voz, aunque pude observar una leve sensación de tristeza:
-¡Ay el amor...!, ¿quién lo ha vivido de verdad? No noviazgo, relación, mentira, casamiento, estabilidad, hipocresía y fingimiento. No. Me refiero a una relación difícil, cuando te tienes que enfrentar a la gente por defender tu amor, a lo prohibido. Porque claro, lo prohibido ¿quién lo estipula, quién lo establece, quién lo regula? Según lo establecido, está mejor que todo un señor (macho), le ponga los cuernos a su esposa a la más mínima oportunidad, pero que luego vuelva a casa con ella y sus hijos, excusándose siempre en las cuestiones de trabajo, claro está, no importa que llegue tarde siempre que cumpla.
Y afirmó con rotundidad:
-Bien, yo prefiero un hombre capaz de luchar por su integridad, por ser capaz de encontrar una mujer con quien compartir tanto una juerga como las necesidades económicas de una familia. No, no puedo ni entender a las mujeres capaces de tener un trozo de carne en su cama cada noche y las necesidades económicas resueltas (suponiendo que el hombre le salga bueno y no un maltratador u otras cosas), ni a un hombre que sólo quiere la comodidad de la ropa limpia y la comida hecha.
De pronto un tono claro apareció en su voz y en su semblante:
-Me niego a vivir así. El ser humano tiene otras necesidades que al parecer nadie ve, pero que existen y no porque yo lo diga o lo crea; a ver, si no, qué son los cuernos, la desidia, la depresión, la soledad (aun cuando se está rodeado de gente), la amargura..., ¿continúo? El único problema es que la sociedad ha establecido que no eres una señora o un caballero si no tienes esposo o esposa.
La charla se había animado considerablemente, pero me intrigaba saber cuál era su conclusión y qué esperaba de ahora en adelante, y se lo pregunté. La ilusión volvió a su rostro y dijo:
-Analizando todo lo vivido y lo que me quede (espero que sea mucho porque aún me queda mucho por aprender), saco la conclusión de que a los demás no le importas, allá tú con tus paranoias; te utilizo si me sirves para algo y si no, ahí te quedas. No le puedes dar a todos, todo; porque ni lo quieren ni lo entienden. No puedes vivir tu propia vida porque la sociedad no quiere a alguien rebelde, que no se adapte. No puedes ser tú misma, porque pasas a ser una persona muy rara. Tienes que vivir conforme a lo establecido, a lo que otros entienden que debe ser la vida.
-Me parece muy bien, -le dije-, pero eso lo dicen otros, yo pienso que como diría Copérnico “No necesariamente la mayoría tiene la razón”; y basándome en esto he creído siempre, y así seguirá siendo.
De pronto sin esperar que hablase dijo con naturalidad:
-Quiero una vida llena, feliz; quiero vivir intensamente; si esto implica enfrentarme a mi mundo, lo haré, como llevo haciéndolo tantos años. No, no me voy a casar con alguien con quien sólo pueda compartir una parte de mi vida, eso ya lo hago con mis amigos. No voy a dejar de darlo todo porque no se puede, no se debe, o tienen poder sobre ti, no. Voy a seguir así porque me siento llena de mí, completamente auténtica (o quizás sería mejor decir única, por rara y diferente). Voy a seguir reivindicando que cada cual tiene derecho a ser como es, a buscar en la vida lo que le haga sentirse bien consigo mismo; no porque tengas más eres más feliz, simplemente es buscar aquello que te haga sentir bien, una cena con amigos, una puesta de sol, un cielo estrellado, una buena juerga, un debate, el apoyo a alguien que te necesita, escuchar al semejante... Y si nadie entiende que esto es lo que hace sentirme viva, sinceramente ni lo sé ni me importa, pero voy a seguir siendo yo.
Con el reflejo de la luna en el agua, se echó a andar y se alejó. Yo me quedé con la duda de saber si aún continuará luchando por conservar su identidad y si todavía mantendrá la ilusión de morir viviendo, antes que vivir muriendo.
Lola Luque
Buscar
Encuesta
Cultura
|
En este ENVÍO DOMINICAL la Fundación García Agüera nos aporta la posibilidad de visualizar unas fotografías aéreas del Coín de 2006, con la sana intención de aumentar la autoestima de la ciudadanía coineña en estos tiempos de crisis, por aquello de que al elevarnos podemos entender mejor la realidad que el bosque y el follaje nos impide ver. |
Entrevistas
Art. de opinión
Deportes
|
Un año más el CD Cártama quiere compartir con sus SOCI@S, EMPRESAS COLABORADORAS, JUGADORES, ENTRENADORES, DIRECTIVOS Y SIMPATIZANTES la Feria de Abril de Cártama. |













Comentarios recientes
hace 16 horas 33 mins
hace 19 horas 38 mins
hace 21 horas 26 mins
hace 21 horas 50 mins
hace 23 horas 31 mins
hace 1 día 21 horas
hace 1 día 21 horas
hace 2 días 7 horas
hace 2 días 18 horas
hace 2 días 22 horas