INFINITO SECUESTRO
(basado en un hecho real)
Yo te he perdido, hijo. Te he perdido en el letargo oscuro de mis días. Aquellos días que pudieron ser nuestros, tuyos, míos, en los que sólo tuve mi impotencia.
Los recuerdos crecen como un golpe de lluvia sobre la copa de los árboles, después de la tormenta, dejando el verde brillante de sus hojas como espejos transparentes, por donde puedes contemplar todas las cosas más lejanas, tiernas y limpias, como el alma de un niño, la tuya, hijo mío.
Aún recuerdo las noches que pasé esperando, negando la mentira de que habías muerto, mientras mis pechos, como manantiales de leche dulce, se escapaban goteando junto a mis lágrimas, que tu boquita pequeña saciara ambiciosa y con fuerza, el chorro blanquísimo que manaba silencioso como mis días. La vida es un don natural que da Dios, y tú llegaste después de acunarte nueve lunas, en mi vientre.
Tu padre trabajaba en otra ciudad, para que no nos faltara nada a ninguno de los dos, ya que eran tiempos de post-guerra. Necesito descorrer el velo del pasado y hablarte de la encendida pasión que me embarga, después de haberte visto. Por eso quiero escribirte esta carta, aunque sé –pues es mi voluntad- que nunca llegará a tus manos, ni sabrás por mi boca la verdad.
Han sido 46 años tomándome todos por loca, y yo pensando en ti como algo vivo, como una esperanza que crecía contigo. Nunca me conformé a la incoherente explicación de aquel día. Yo sólo tenía 18 años y vivía con mis suegros. Cuando tu venida se hizo inminente, acudimos al hospital. Una supuesta matrona me llevó con ella, mientras tus abuelos, los padres de tu padre, esperaban abajo. Esta mujer me hizo muchas preguntas, si tenía hijos, si era el primero, si tenía familia cercana aquí, o vivían lejos, y otras totalmente absurdas, sobre todo ajenas al caso en que me encontraba.
Años más tarde, cuando por edad y madurez tuve la valentía –a escondidas de mi suegra y mi marido- fui al registro del hospital y no constaba ningún dato sobre esta posible matrona.
Tu llegada al mundo fue rápida y normal. Y yo te vi llorar pleno de gozo a los pies de la cama, mientras nos cortaban el cordón umbilical. ¡Qué ajena estaba a que sería la última vez que podría contemplarte! Le pedí a la matrona que te pusiera junto a mí, para sentir tu cuerpecito tierno y rosado cerca de mi corazón. ¡Qué fríos sortilegios tiene la vida! Esta mujer me negó el placer más grandioso que disfruta una mujer después de nueve meses de impaciente espera y de diálogos mudos con su hijo, y de la ansiedad de tenerlo entre sus brazos, para acunarlo como sólo saben hacerlo las madres en esa inolvidable primera vez. ¡No me dejó cogerte! Fríamente dijo: ahora se lo traigo. Y se marchó con mi tesoro, dejándome en el sospechoso presentimiento de que no te volvería a ver.
Sólo habrían pasado unos minutos, cuando volvió sin ti y, fríamente, dijo: lo siento, su hijo ha muerto. Pero, ¿cómo?, ¿por qué?, pregunté hecha un mar de lágrimas. ¡Déjeme verlo!, grité con un dolor inmenso.
Tus abuelos –mis suegros- subieron a la habitación. Él insistió en verte, pero no lo consintieron. Ella, ante mi insistencia, dijo a la enfermera que no me hiciera caso, que ya se me pasaría, que estaba loca.
Dos días después salimos del hospital. Yo iba con tu ropita pegada a mi pecho, con tu risa de niño apagada en mi corazón. Me habían entregado un parte en el que aparecía mi nombre y la firma de la matrona, certificando la muerte de un feto seismesino. El mundo se me hundió, y yo que te había visto grande y fuerte, con aquel pelo de seda negro como mi pena, llevándote las ganas de besarte.
Con el tiempo me enteré de que los documentos eran falsos, por las investigaciones que hice en los archivos. También supe que el director de ese hospital había adoptado, en esa misma fecha, a un niño cuya madre murió al nacer y no tenía familia; pero el archivo no presentaba ninguna defunción en esa fecha. Hoy ese niño era médico como su padre adoptivo.
Le pedí cita y me presenté en su consulta. No puedo describir lo que sentí; yo tengo dos hijos más, un varón y una hembra.
-Doctor, -dije cuando me encontré ante él-, me siento mal... Y me eché a llorar.
-Vamos mujer, -dijo afable mientras se levantaba de su asiento. Y me secó las lágrimas con su pañuelo-. ¡Una mujer tan guapa llorar!
Levanté los ojos y lo miré con valentía, tenía los mismos ojos míos, de un azul infinito.
-Vamos no llore, -me quiso animar cogiéndome la mano-, sólo está deprimida, pero eso lo arreglo yo pronto.
Me miró fijamente, tenía un parecido extraordinario con mi hijo mayor.
-¿Sabe?, -me dijo en tono confidencial mientras firmaba la receta-, yo soy adoptado, y he pensado muchas veces que mi madre tendría que ser alguien como usted, porque tiene los ojos de un azul parecido a los míos. Venga, no esté triste, tómese esto y vuelva cuando quiera, será un placer atenderle.
-Sí, -contesté como una autómata.
No hijo, ya no volveré a verte más -pensé-, mi corazón no lo resistiría. Pero es delicioso sentir un torbellino de emociones nuevas, agitando nuestro ser. Parece que adquirieron flamante personalidad, cosas insignificantes que ahora miro con deleite. Lo importante es que seas tú feliz, hijo mío, y eso me lo ha dicho tu sonrisa. Y salí sin volver la vista atrás.
¡Hoy te he visto, te he visto y me has mirado! Hoy… -como dijo el poeta-, ¡hoy creo en Dios!
Celeste Torres
Buscar
Encuesta
Cultura
|
En este ENVÍO DOMINICAL la Fundación García Agüera nos aporta la posibilidad de visualizar unas fotografías aéreas del Coín de 2006, con la sana intención de aumentar la autoestima de la ciudadanía coineña en estos tiempos de crisis, por aquello de que al elevarnos podemos entender mejor la realidad que el bosque y el follaje nos impide ver. |
Entrevistas
Art. de opinión
Deportes
|
Un año más el CD Cártama quiere compartir con sus SOCI@S, EMPRESAS COLABORADORAS, JUGADORES, ENTRENADORES, DIRECTIVOS Y SIMPATIZANTES la Feria de Abril de Cártama. |














Comentarios recientes
hace 15 horas 44 mins
hace 18 horas 49 mins
hace 20 horas 37 mins
hace 21 horas 1 min
hace 22 horas 42 mins
hace 1 día 20 horas
hace 1 día 20 horas
hace 2 días 6 horas
hace 2 días 17 horas
hace 2 días 22 horas