EL ATENEO DE MÁLAGA SE LLENÓ DE HISTORIA CARTAMEÑA
El pasado lunes, 14 de febrero, tuvo lugar, en el Ateneo de Málaga, la presentación del libro “Cártama histórica. El Juglar y la Virgen Peregrina”, de nuestro buen amigo y colaborador, Francisco Baquero Luque.
El Acto, que comenzó a las 19.30, tuvo una asistencia masiva, alcanzando en su desarrollo unas altas cotas de calidad, merced al presentador del libro, Francisco Morales Lomas, Catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Málaga, así como Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, entre otros cargos.
El fluido verbo costumbrista del autor, Francisco Baquero, hizo las delicias del público al relatar anécdotas cartameñas relacionadas con Málaga capital. Cerró el acto el gran rapsoda guadalhorzano, aunque de origen granaino, el profesor Juan Crisóstomo García, quien levantó oleadas de emoción al recitar varios poemas en homenaje al genial y universal maestro de la rapsodia, José González Marín.
A continuación, transcribimos los textos correspondientes al presentador y al autor del libro.
PRESENTACIÓN DE MORALES LOMAS:
CÁRTAMA HISTÓRICA. EL JUGLAR Y LA VIRGEN PEREGRINA
DE FRANCISCO BAQUERO LUQUE
Francisco Baquero Luque nació en Cártama en 1931. Desde 1948 escribía en revistas de temas agrícolas como Ceres y Cultivador y en 1968 comienza a colaborar en Sol de España, Sur, Diario Málaga, El Sol… En 1998 publicó El faraón de los decires (prologado por M. Alcántara con dibujos de Bornoy) en la Diputación de Málaga y también otras obras de tipo histórico y folklórico, y sigue escribiendo obras de tipo recopilatorio diverso.
Con Cártama histórica. El juglar y la virgen peregrina ha querido profundizar no sólo en las claves históricas de Cártama sino en el rapsoda cartameño González Marín que, temeroso de que pudieran quemar la imagen de la Patrona de su pueblo, la Virgen de los Remedios, decide llevársela a América en una de sus giras artísticas siendo recibido por los presidentes de las repúblicas que visitaba. Se trata, en consecuencia de una obra histórica y costumbrista amplia pues en sus más de setecientas páginas el lector no solo puede hallar el marco histórico aludido sino también el contexto socio-político previo a la implantación de la Patrona de Cártama, así como asuntos históricos como la peste en Málaga en la historia y su relación con los elementos religiosos, la historia de “María” (como cuento histórico), los testimonios de la prensa y de los personajes históricos, los hechos extraordinarios atribuidos a la virgen y su viaje por América, así como el regreso a España.
Historia y tradición, costumbrismo y poesía nacen de esta obra que posee una afán recopilatorio y monumental.
Por esta obra circulan citas de autores diversos, poemas, manifestaciones marianas y esencia última de una visión literaria y casi antropológica.
Entre las fuentes utilizadas se hallan las vivencias del autor, las confidencias y comentarios de González Marín, los del chófer y ayudante escénico de éste, “Antoñico”, el párroco de Cártama Juan Martín Serrano… Advierte el autor que la obra busca ser sincera y minuciosa, y una forma de ver la historia como el autor la vio siguiendo el esquema de Helvecio de que la historia es la novela de los hechos.
La historia de Cártama desde el Paleolítico con la citada Cuevas del Peñoncillo se adentra por una rica singladura y un territorio propio de la investigación histórica desde textos de Eduardo Alcaraz García y sus hijos. Siendo de la práctica de los iberos que llega la costumbre de los exvotos y la tradición mariana. Son motivo de su interés los asentamientos de Cartha (de ibero-turdetanos), así como la llegada de romanos, griegos… Cártama dio a Roma personajes históricos como la mujer de Pilatos, Claudia Prócula y acaso Cayo Cornelio, el primer centurión romano convertido al cristianismo, según Alfonso Canales. También alude a los emplazamientos y la historia de una basílica romana… La tradición de que Poncio Pilato pudo ser enterrado en Cártama, otra asegura que se retiró a Lausana (Suiza). Hay un estudio riguroso y preciso de este periodo histórico que ocupa alrededor de cien páginas.
En el capítulo III se centra en la Edad Moderna. Aborda la Cártama musulmana, los avances agrícolas en época de los árabes, pero también la Cártama cristiana y los acontecimientos históricos en torno a los enfrentamientos diversos, expresando que el día 18 de abril de 1485 llega a Cártama el ejército de los Reyes Católicos. La tradición literaria y el romancero ocupa un espacio especial como en El abencerraje y la hermosa Jarifa donde se cita a Cártama: “Llegó a Cártama Celindo/ con tu carta cuando estaba…”
Para más adelante a referirse a María de Nazaret, en su advocación de los Remedios. Se centra en la peste en Málaga antes del siglo XV y más tarde, con citas de Medina Conde y otros autores sobre estas epidemias y los hechos anecdóticos en torno a la virgen. María de Nazareth toma su escenario propio y van surgiendo poemas y versos en torno a ella, de JRJ, de Miguel Hernández, de Alberti, de Quintanilla, Cantos populares…
A partir del capítulo IV se centra propiamente en la relación de la Virgen y el rapsoda González Marín. De él, Baquero Luque desea profundizar en su categoría artística que “dio prez y gloria a la poesía y a los poetas de habla castellana” hasta merecer del gobierno de la República altas consideraciones. Abundan las imágenes de época, los recortes de periódico que aluden a todos estos acontecimientos donde el protagonista es González Marín en diversos momentos de su vida y afirma que la “predilección política de González Marín fue siempre el arte”. En una de las columnas del escritor y poeta José García Pérez se decía de González Marín que era el mejor rapsoda de todos los tiempos. Abundan los escritos en diversos periódicos que dan noticia de ello y poemas dedicados al rapsoda de diversos autores como Manuel de Góngora o Francisco Garfias. No cabe duda de la importante labor documental llevada a cabo por Francisco Baquero Luque en esta obra que muestra el profundo afecto por el rapsoda.
Los diversos visitantes de Cártama son también objeto de su obra. Desde Al-Jatib hasta Richard Ford que al pasar por Cártama habló de sus aldeas moras. Y, por supuesto, los hechos extraordinarios atribuidos a la virgen y las vivencias marianas que forman parte de la leyenda y la tradición. Habla de Francisco Baquero Vargas y de las secuelas de la guerra.
El recorrido por América de González Marín ocupa un amplio espacio. Y aparecen poemas y documentos de época que conforman todo un paisaje vital, pero también hace alusión a las críticas que durante su larga trayectoria recibió por sus ideas políticas aunque Baquero Luque considera que se le debe juzgar por el arte desarrollado en los escenarios…
En definitiva, el lector puede asistir a una obra amplia y ciertamente trabajada en la que su autor ha estado recopilando datos e información para ofrecérsela al público con el afecto y la simpatía de un enamorado de su tierra.
Francisco Morales Lomas
INTERVENCIÓN DE FRANCISCO BAQUERO LUQUE
Buenas noches:
Agradezco a todos ustedes, la asistencia a este acto, en el que presento mi penúltimo libro, “CARTAMA HISTÓRICA: EL JUGLAR Y LA VIRGEN PEREGRINA”./
Gracias también a los miembros de esta Institución, de tan notable y dilatada labor en el tiempo en pro de la cultura malagueña, y que, al acoger esta presentación, avalora mi libro y me honra a mí.
Igualmente expreso mi gratitud a don Francisco Morales Lomas, no sólo por las cálidas palabras que acaba de pronunciar, que por supuesto también, sino porque a una simple, y osada, llamada telefónica mía, sin ni siquiera conocerme, se mostró anuente a la presentación aquí de mi libro. No creo tener ya tiempo para olvidar tan generoso gesto, don Francisco, ni, naturalmente, mi condición me permitiría hacerlo.
Y ahora, de forma concisa, como dicen debe hacerse en estos actos en beneficio de vuestra paciencia, que de antemano doy por generosa, voy a hablar de mi libro.
***
En él, se recogen los resultados de seis años de tesonera investigación; en efecto, este es un libro de investigación, pero también de intrahistoria recogida a pie de tradición oral, de recuerdos, vivencias durante una existencia que frisa los 80, vividos casi al trote. Esto último tiene amplio sentido, porque llevándome mi madre en su seno le llegó la premiosa hora del alumbramiento cuando se trasladaba de lugar a lomos de una burra, y, en tal guisa no se consumó el trance porque unos carboneros que laboraban sus hornos cabe un olivar cercano, se percataron del hito, y, sobre la propia pollina y al trote, qué remedio, y dedicándole los exquisitos mimos verbales que requería el caso y que espontáneamente le salían siempre del alma a las rudas, pero noblotas gentes campesinas de antaño, lleváronla al cercano Cortijo de la Alhóndida do vivía con mi padre y, no más apease, un servidor arribó a este patio de monipodio, tomado por malandrines, que es el mundo, un 30 de marzo de 1.931, o séase, 15 días antes que España diera a luz la tan hoy nuevamente controvertida II República. Fíjense ustedes si, desde tan remotas calendas a hogaño, he tenido tiempo de ver, vivir, sufrir (guerra civil por medio y haber sido rehén del maquis) y también gozado, cosas y cosas. ***
Como autor del texto, obviamente lo tengo trillado, por lo que podría hablar de él sin necesidad de traer en negro sobre blanco esta modesta oración, pero, hay que ser serios y rigurosos. En virtud de ello, he decidido leer mis palabras.
En el “Preámbulo” de mi libro, digo que para la creación del mismo, he eludido cualquier preocupación por normas o preceptivas literarias, así como determinados convencionalismos y encorsetamientos formales preestablecidos.
Procuro ofrecer los episodios históricos tal los vi, los oí de los mayores y, mediante el estudio e investigación constaté: 6 años de mi vida acopiando datos y recuperando viejos apuntes propios, husmeando por hemerotecas y archivos, contactando con Teatros de España y América, como igualmente haciendo pesquisas por Consulados y hasta por Conventos de capitales y pueblos de las repúblicas iberoamericanas (16 en total, con sus capitales yvillas importantes) en los que la Patrona de un pueblecito de España y de Málaga (Cártama), estuvo depositada, oferente de sus gracias a las gentes de aquellas Tierras de María, como la nuestra, cuando fue Peregrina obligada en el atrezzo de un cantor de poetas, que en los arpegios de su voz de aedo genial, llevó, por enésima vez, a aquellas tierras hermanas los rumores líricos y los ecos culturales de la madre patria.
Tiene también este libro, un tanto demiscelánea, pero, ni ello, ni la incursión selectiva en la intrahistoria de un pueblo labriego por antonomasia, afecta una pelusa al rigor y a la verdad histórica; yo diría que al contrario, pues, como sentenció Anatole France, “en los aciertos de la historia interviene siempre la imaginación” y, Helvecio, proponía: “la historia es la novela de los hechos”. Y, a ello, en alguna medida, he ajustado estilo y estructura.
Quiero también proclamar mi certeza personal de que al hablar de la historia de Cártama, implícitamente, lo hago de una gran parte de la de Málaga. Por eso, añadido al honor de rendir esta noche mi trabajo en Málaga ante tan erudito auditorio, también siento intensa emoción guarnecida de gratísimos recuerdos y vivencias de esta tierra de nuestros amores. Podría estar horas hablando de todo ello pero, el macandito reloj es inflexible.
Volviendo a trocha, aclaro que aunque el grueso tomo tiene 738 páginas, casi el 50 por ciento de ellas están ocupadas por documentos fedatarios, valiosos e interesantes testimonios mediáticos y juicios críticos de eximias personalidades del pensamiento, el teatro, el arte en general y, de forma especial de los poetas de toda la primera mitad del siglo XX con prolongada rastra en la otra mitad, tanto de España, como de allende nuestras fronteras.
En una palabra, durante gran parte del recorrido del texto me he convertido, como al final hago, en mero eco de dichas personalidades, muchas de las cuales, como Benavente, José Carlos de Luna, José Díaz de Quijano, Aurora Redondo, Manuel Luna, María Fernanda Ladrón de Guevara (con la que también hizo cine José González Marín), Manolete, Alvaro Domecq y Diez, Lola Flores, Caracol, y, un largo rol más, conocí personalmente por medio de nuestro paisano, Pepe González Marín. En el libro inserto una carta del citado Premio Nóbel a mi padre, con motivo de una visita de éste a mi casa y, al sombrajo de labor cabe la era y gañanía, por supuesto --como digo antes, siempre por iniciativa y con la presencia del amigo del alma, Pepe González Marín--, en donde escuchó al morero, Niño de la Ramona, quien, sobre el rulo, acompasado al cansino trotar de la collera y al son de sus campanillas, con voz dulce y profunda, moduló un cante de trilla con letra sencilla y tocada de atávico pique entre pueblos:
“La mujer del alcalde
del Alhaurinbejo,
pesa diez arrobas
sin el verdejo...”
Cuando, a mí, que tendría unos 10 años, me tocó ir a la pasada de la acequia cercana a abrevar la recua trillera, se vino conmigo el exquisito y fleve don Jacinto y, tras explicarle, entre otras cosas que llamaban su atención, por ejemplo, por qué tenía que “cortarle” el agua a las bestias mientras bebían, me enjaretó la pregunta que le picaba la curiosidad desde que escuchó la copla del morero: “Díme, Paquillo ¿qué es eso del verdejo que dice la copla? Tanto me insistió, que terminé diciéndole: “¿Don Jacinto, ¡es una picardía en forma de jigo!, verá usted, unas higueras dan jigos panetes, otras coínos y, otras, los más grandes y dulces, que se llaman verdejos ¿me va usted entendiendo, don Jacinto? usted... “O sea, comprendió por fin el genial dramaturgo, que se refiere al chisme de la mujer del alcalde del Alhaurinejo...¡Oh el pueblo...” Todavía rememoro gratificado las rotundas carcajadas de aquel afable, patriarcal y sabio abuelote.
Perdonen ustedes si en mi alocución introduzco algunas pinceladas de antañoso sabor campesino de la ribera guadalhorceña, pero, de ella hago también a mi modo un canto virgiliano (salvando las distancias) en mi libro. No creo que venga mal en estos tiempos metalizados.
***
He querido, que las dos oraciones del título sean, separadamente, metáforas de sus contenido centrales:
Con la primera frase, “Cártama histórica..., propongo que, al jalón más poético del contenido de la obra, el Juglar y la Virgen Peregrina, lo enmarca un contexto histórico e intrahistórico extraordinariamente enjundioso, tanto que, como veremos, en épocas pretéritas Cártama fue una ciudad de relevante importancia dentro de la Bética, tanto en el periodo ibero turdetano como, de forma llamativa, bajo el dominio romano, según atestiguan miles y miles de restos arqueológicos; ya lo dijo Adolf Schulten: “cuanto sucedió antaño quedó escrito en la tierra”. Y es verdad. Incluso, echándole imaginativa lógica, cual como cito antes, estos restos hablan un sutil lenguaje y verosímil lenguaje. Al respecto, y con el permiso de ustedes, me voy permitir rememorar una elocuente vivencia: En el Cerro del Atajo, cercano a Cártama, cuando de niños un primo mío y yo, en los surcos de las besanas tras las yuntas poníamos costillas para cazar pajarillos --pipitas, tontitos, cogujadas, alondras (la vida entonces, diría yo que era más equilibrada, más armónica y auténtica, es decir, bella sin la pacatería corrupta que hoy nos ahoga)--, al allanar un redondel de tierra para acoplar en el la trampa de alambre, mis manos asierpon un objeto distinto a los pedruscos: era un candil de barro, que resultó ser ibero como, después, me explicó amorosamente, mientras me enseñaba en la cartilla las primeras letras, el maestro rural, apodado, “Bizco de Antequerilla”, que iba por los tajos y “jatos” de los campos dando lección a los zagales hijos de campesino y jornaleros, que no podían ir a la escuela del pueblo. Me dio lecciones de milenaria historia de mi pueblo, dejándose llevar de esa imaginación que recomendaba Anatole France, con aquel candil de barro en su mano, que después, para berrinche mío, acabó alumbrando, ya obviamente con su torcía y aceite el tinado adosado a la casa vivienda de mi abuelo, cuando, el de lata por alguna razón, había dado de corto. Con esta aportación anedóctica creo no haberme salido de madre en relación al contenido del libro.
Como aval de mi anterior propuesta sobre el paralelismo histórico entre Cártama y Málaga, está el hecho cierto de la mayoría de los museos malagueños, en especial el Loringiano, asilan una enorme cantidad de restos, testigos fedatarios de épocas gloriosas, de suma importancia arqueológica aflorados en Cártama. Véase al efecto dicho catálogo, o recorran las páginas de Revista consagradas al tema como Mainake, Jábega y otras similares, que dan a mi aserto condición de indiscutible.
Y, no sólo museos malagueños, se nutren de joyas arqueológicas, en detrimento del acervo histórico de Cártama-Málaga, sino que igualmente sucede con otros de los más inusitados sitios de la geografía española: El Palacio de Carlos V en Granada, contiene cuatro estatuas romanas de origen cartamitano, que el propio emperador, al ser construido su palacio ordenó instalar en él, En Guecho (Vizcaya), orlando un panteón familiar, está el célebre mosaico, “Los trabajos de Hércules”, quizás el más importante de España en su tema, del que el Ayuntamiento de Málaga (no el de Cártama; lamentable) no ha mucho solicitó una copia. En otro museo malagueño se expone también el bellísimo mosaico romano, con motivo, igualmente, mitológico: “Venus surgiendo de los mares en su concha”. Y, en Corella, en el Museo Arrese se expone como de su propiedad, una hermosa cabeza de la diosa romana Ceres, datada en el siglo II de nuestra Era, junto con un friso; ambas piezas fueron descubiertas bajo tierra al hacer unos campesinos labores de pegujales en una finca del término de Cártama. Le fueron regalada a José González Marín, quien la tenía expuesta al público en su propia casa esperando que las autoridades de su pueblo hicieran un museo, quienes, desde el siglo XIX, al menos, vienen diciendo, como en el villancico de Lope de Vega, mañana lo haremos, para lo mismo prometer mañana. Un día llegó el señor Arrese, que estaba a punto de ser Ministro de Franco, quien invocando la ley, se llevó dicha reliquia que aparece expuesta actualmente en su museo de Corella, con el título de, “Dama de Cártama”.
Con la otra frase titular, “El juglar y la Virgen Peregrina”, se trata de sintetizar la parte de mi trabajo historiológico que contiene, como decíamos, la cantiga más extraordinaria y apasionante de la historia mariana de España de todos los tiempos, desde Gonzalo de Berceo, el Canciller Ayala, Alfonso X el Sabio, el Marqués de Santillana, etc., hasta nuestros días, con la singularidad, quizás única, de que, en este caso, se trata de una cantiga no fabulada, sino protagonizada en carne y hueso, hasta el extremo de que con ella, la realidad supera a la ficción literaria.
Siguiendo con el paralelismo histórico entre Málaga y Cártama, que vengo proponiendo, recordemos que ya sobre el 800 antes de Cristo, cuando los fenicios arribaron a nuestras costas, y crearon la factoría que llamaron Malaka en la gran isla que emergía de la enorme delta que entonces formaba la desembocadura del Guadalhorce (sus restos se reconocen hoy en el Cerro del Villar), e hicieron incursiones hacia el interior en sus barcazas planas por el curso del río Guadalhorce, al torcer uno de los meandro de éste, se toparon con un grandioso pueblo entre sierras y serrijones, uno de ellos coronado por un castro u oppidum --después defensa romana y posteriormente agarena--, a cuyo pueblo llamaron CARTHA, es decir, ciudad escondida, apelativo congruente con la bella toponimia que lo anilla.
Entre los colonizadores púnicos y los aborígenes iberos turdetanos, se entablaron unas intensas relaciones comerciales que, ya entonces, dieron unidad a ambos colectivos humanos. Por cierto, y como dato curioso, una leyenda pretende que, cuando se hizo el famoso templo de Salomón, en su construcción se emplearon maderas llevadas desde los tupidos e intensos bosques de Cártama- Málaga. Otro de los productos, entre otros, que los fenicios mercaban a los iberos cartamitanos, era el célebre, “rojo de cochinilla”, excrecencia de este insecto que sobreabundaba entre los limos asombrados de los infinitos chumbares de Cartha, con el cual, junto con otro producto extraído de un molusco marino, los fenicios teñían en Malaka, las telas color rojo púrpura en aquella época tan famosas y apreciadas por las clase altas de todos los pueblos de la cuenca mediterránea, desde donde los fenicios la exportaban.
En este intercambio, y como medio de traslación de las mercancías y personas, jugó un papel primordial el curso fluvial guadalhozano, entonces navegable, como también, dos sendas paralelas a ambas orillas del río.
Por otro lado, Cártama fue desde tiempo inmemorial, la huerta y la proveedora de carnes y pan a Málaga: ¿qué malagueño con cierta edad no ha visto por las calles capitalinas el tenderete para la venta de chumbos, y oído el pregón del aparcero cartameño: “Andén a los gordos y mauros, chumbos dulces y reondos, que son de Cártama...” Y quizás también algunos de los presentes, conserven en sus retinas aquella antañona imagen de la pavera, que en las fechas navideñas vendía en las calles malacitanas los pavos que, al efecto, fue criando pacientemente durante todo el verano en los pechos de Cártama.
Durante todo el año, los caminos entre Cártama y Málaga se encendían, las noches que no había luna llena, con los farolillos de los carros de los cosarios, y los que llevaban en mano los arrieros, en su cotidiano acarreo de mercancías a los mercados de Málaga, que en un tiempo fue el lecho del Guadalmedina. De entre estos cosarios, fue célebre Cipriano Díaz “Pitana”, que está en la historia del cante hondo, junto con Juan Breva y otros grandes cantaores, por su peculiar y preciosista manera de decir el cante jondo. ¿Se figuran ustedes un desgarrado cante en la oscuríá de una noche serena dejando tras sí una estela lírica a lo largo del camino? Las gentes de las casillas y cortijadas cercanas se apostaban (Pitana era muy tímido, y si oía horasqueo cerca, enmudecía), tras una coscoja, retama o adelfa cercana, para escuchar sus estremecidos cantes. Cuánto saben de esto, y valoran, mis amigos buenos, Gonzalo Rojo y José Luque Navajas (¿aquí presentes?) eruditos flamencólogos.
Y, no menos importante en dicha integración histórica, son también los personajes que Cártama dio a Málaga, como, igualmente, importantes personajes malagueños se asentaron en Cártama. De Cártama era, y en ella vivía, el famoso José Alarcón Luján, varias veces alcalde de Málaga, por cuya iniciativa se hizo nuestra emblemática Calle Larios; tenía cuatro hermosas hijas que dictaron al pueblo esta coplilla: “Señor alcalde mayor,/no prenda usted a los ladrones, /que tiene usted cuatro hijas/ que roban los corazones”
Otro personaje cartameño que dio prez a Málaga fue el hermano del anterior, Fermín Alarcón Lujan, uno de los grandes empresarios que dieron a conocer por el mundo entero los productos típicos malagueños, vinos y pasas principalmente, y, en gran medida, con otros insignes empresarios contribuyó al gran desarrollo industrial de la Málaga de finales del siglo XIX.
De madre cartameña, fue otro alcalde de Málaga, poeta, novelista y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, con cuya amistad me honró, Salvador González Anaya, que por cierto, a instancias de su madre, escribió una novela sobre Cártama que publicó, si mal no recuerdo, en 1.952, titulada, “El llavero de Anica la Pimienta”. Allá por el año 1.950 llegó a Cártama don Salvador para acopiar in situ material para escribir la novela prometida a su madre, en lo que yo tuve el honor de acompañarle: Durante 10 días, don Salvador a lomos de una vieja burra y yo, con unos 18 años, jinete en un mulo resabiao y pingoso que al efecto cedió mi padre, recorrimos por realengas y sendas de roaderas y herraduras, lugares y topónimos de los campos de Cártama, por donde fue haciendo acopio de material para su trabajo. Un día, me contagió su emoción y sus lágrimas, al llevarle yo a visitar, como me pidió, en lo alto de un cerro, el cortijo en donde nació y vivió muchos años su madre, llamado, precisamente, “Cortijo de Anaya”. Y, de Cártama, aunque nacido ocasionalmente en Málaga, fue el enorme poeta, Enrique López Alarcón, nieto de José Alarcón Luján, cuya biografía y calidad poética es de enorme interés conocer y, por ello, hago una amplia semblanza en este mi libro.
Por cierto, digamos también que, con toda verosimilitud, aunque yo tengo la certeza intelectual, la esposa de Poncio Pilato, Claudia Prócula, amiga del centurión de Cafarnaún, ibero malagueño, fue de cuna cartamitana, o sea, que Cártama tuvo una hija que pudo conocer a Jesús y, según San Mateo, fue la única defensora que tuvo Cristo durante el juicio que le condenó a muerte de cruz, una cartameña que habló sin lugar a dudas, con la Virgen María.
Y, si algunos de ustedes han visto la película, “La Misión”, referida a las reducciones jesuíticas guaraníes del Río de la Plata, deben saber, que el legado pontificio que aparece en la misma, fue nada menos que el insigne jesuita cartameño del siglo XVII, Luís Lope de Altamirano, y, su hermano, Pedro, también jesuita, construyó una universidad en Cuba, Perú y Chile, todo ello durante el reinado de Fernando VI y Bárbara de Braganza, en cuya corte estaban integrados.
Nos queda anotar algo sobre el Juglar que raptó la imagen de la Virgen de Los Remedios, Patrona de Cártama, como antes he apuntado, que llevó en sus cantares por los pueblos y ciudades de tres continentes, de forma entrañada, emotivamente incisiva, a su tierra malagueña, de la que era Hijo Predilecto, y en la que pasaba tanto tiempo como en su pueblo natal, Cártama. La República, como reconocimiento, a su labor en pro de la cultura española le otorgó la Gran Cruz de Isabel la Católica y el “Collar de Alfonso X El sabio”. Pero, como dije antes, que sean los poetas, escritores, críticos, artistas de todos los ramos, quien nos hable de él. Les leo; a tenor de ello, juzguen ustedes a uno de los más ilustres malagueños que ha dado la historia, aún siendo ésta Málaga pródiga en ello:
Fueron sus grandes amigos, los hermanos Álvarez Quintero, los que al atribuirle, con acierto, sus entronque con lo popular, hicieron un juicio más acertado de su arte: Él liberó a la poesía de las covachuelas de los intelectuales, exclusivos y excluyentes, y, de forma corporizada de actor genial la llevó al gran público, al pueblo liso y llano, auténtico dueño de ella. Ni más, ni menos. Toda la noche podría de este genio hoy olvidado como tantos otros de nuestra tierra malacitana pero, se ha agotado mi tiempo.
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Un gozo.
Un acto de nivel en todos los sentidos, destacando el cultural y humano. Acto cuyo protoganista era nuestro vecino Paco Baquero, un cartameño. Un cartameño en el centro de mayor e indiscutible referencia cultural de toda Málaga, el Ateneo, lugar elegido por cualquier personalidad de dentro y fuera de nuestros limítrofes, cuando de celebración y presentación de primer nivel social, político, económico, cultural...se trata.
Felipe González, cuando aún era Isidoro, ya le sirvió este lugar de referencia y uso, y en muchas ocasiones ya durante nuestra Democracia ha sido protagonista de actos celebrados entre las paredes de este lugar tan emblemático. Recientemente, su correlegionario de siglas, Griñán, sustituto del incombustible Chávez, hacía una reflexión de la necesidad de un buen modelo económico, no hace pocos meses desde sus micrófonos. Son sólo ejemplos.
Pero si de ejemplos se trata, el que nos ocupa, por cercano y mil motivos más. Paco fue invitado a presentar su último libro, "Cártama Histórica. El Juglar y la Virgen Peregrina", y mucho más que la presentación del libro fue finalmente el acto, como no podía ser de otra manera, por el lugar, por el protagonista y por sus anfitriones, participantes e invitados.
Entre catedráticos, profesores de universidad, y malagueños de renombre y prestigio en el mundo cultural y académico, amén de invitados en general deseosos de cultural, Paco no desaprovechó para una vez más defender y dar a conocer lo mejor de nuestro pueblo, sus gentes e historia, como siempre ha hecho allá donde fuera y por lo que fuera.
Gozoso fue el acto, y así lo reconocieron todos los asistentes con un generoso y caluroso aplauso a nuestro vecino, después de por enésima vez habernos dejado a todos los cartameños y a nuestra Cártama por todo lo alto, sin personalismo y protagonismo individual más que el que lo cuenta.
Después de ese sonoro agradecimiento y reconocimiento que presenciaba una vez más al que es, entre otras cosas, el verdadero cronista de Cártama, tuve una sensación de cierto escalofrío, al darme cuenta que todos esos momentos habían sido brindados en lugares y por personas de fuera de nuestro pueblo. (Excepción en buena parte por el acto de presentación del mencionado libro, hace unos meses, en el antiguo Cortijo de Barbacoa).
Sólo puedo terminar diciendo que al final cada pueblo tiene lo que se merece, y creo que el pueblo de Cártama no se merece que algo así suceda, ni el porqué sucede.