A bocajarro: REFUNFUÑOS DE VIEJOS
Es a un servidor de ustedes, Presidente de esta Asociación, que abajo firma, a quien corresponde hoy redactar este “A BOCAJARRO”.
Hace unos cinco días, no más, visitó esta asociación un grupo de personas, ya mayores, a fin de que nosotros mediásemos ante nuestro Ayuntamiento para ver la posibilidad de solucionar un problema a todas luces importante, en puridad diríase, grave.
Pese a que Cártama dista de Málaga no más de 20 kilómetros y como unos cinco menos del Hospital Clínico, en el que se atiende a la inmensa mayoría de los enfermos cartameños que lo requieran (Cártama tiene hoy 24.000 habitantes con un alto censo de jubilados), y que un servicio de autobuses une cada hora esta villa con la capital, sin embargo ni uno sólo de estos autobuses que circula en ambas direcciones cada hora, desde las ocho de la mañana a las diez de la noche, hace escala en el citado Hospital Clínico, de tal forma que el enfermo, de más o menos edad, que no tenga vehículo propio, carece de transporte público para trasladarse a dicho hospital a recibir algo tan esencial como asistencia médica, “habiéndose dado no pocas veces el caso de agravamiento de dolencias, incluso importantes, por no poder asistir el enfermo a las revisiones preceptivas...”
Creyendo menda que el concejal del área de transporte era José Escalona Idañez, intenté varias veces ponerme en contacto telefónico con él. Empeño vano: la última llamada se la hice al Ayuntamiento, pero éste le respondió a la funcionaria que se la trasladó a su despacho: “dile que no puedo atender llamadas de esta asociación...” En ese instante, al saber por la atenta funcionaria que me atendió que el área de transporte lo lleva la concejala, Noelia Suarez, me puso en contacto con ella y, de pronto, tuve la sensación de que a la patética, lóbrega y hosca nocturnidad de la sinrazón y la prepotencia obsoleta, sucedía una luminosa aurora orlada con tumbagas de diamantes. Claro, Noelia, mi dulce amiga Noelia que me remonta en el recuerdo de mis lecturas a la Ofelia hamtleriana, que tiene 22 años, es ya abogada y le anima un corazón flamígero tal una trémula rosa escarlata. Valorando el problema en su justa medida, Noelia me prometió ocuparse de ello.
Yo, permítaseme esta disquisición personal, siempre he rendido pleitesía, -fundada, obviamente- a la mujer (madre, novia, esposa, compañera...) y, ahora, como humilde escribidor, tengo motivos para hacer lo propio hacia las concejalas con que he tratado, tanto en Cártama como fuera de ella. En la villa cartamitana, Noelia, Raquel Navarro y otras; en Alhaurín el Grande, María Rosa -la de las guedejas rubias-, Toñi Ledesma y Macarena, que bien pudiera haber inspirado su célebre copla a Los del Río, Paqui Bonilla...; en Álora, Sonia Ramos, la guapa y eficiente Sonia, mantenedora de la llama cultural de la Peroxia, que cada dos por tres te regala con un “corazón mío”,y..., paremos de contar, no sin recordar lo que decía Benavente: “Llega uno a una edad en la que ante una bella siente el impulso de besar en los labios y dar abrazos que haga crujir las prietas carnes como un saco repleto de pimientos, y ha de contentarse con un cariñoso beso en la mejilla...” ¡Qué le vamos a hacer...!
De paso, al inefable Pepe Escalona yo le daría este fraterno consejo: Retírate a un horaciano estado y entretén el tiempo en algo tan noble como majar esparto y trenzar pleitas para alpargates, que es el calzado al que nos van a hacer volver los políticos de tu estirpe. Es un buen consejo de quien tú sabes que te quiere, refunfuños de viejos aparte.
Al siguiente día de hablar con Noelia, sin tener que hacer cola, me recibe ésta en su despacho explicándome los pasos que, en aras de la solución del problema, había dado ya, afirmándome que seguiría en ello. Después, sin tampoco tener que hacer cola, tal sucede con Pepe Escalona, me recibió el alcalde de Cártama, Jorge Gallardo, con el que departí casi tres cuartos de hora, hablando, además del morrocotudo problema del transporte público al Hospital, de otros muchos temas, cuales urbanísticos, policía, cultura, y hasta de asuntos cosmológicos.
Salí con una convicción: La paz de las personas tiene mucho que ver con los buenos ejemplos y coherentes propósitos.
ASOCIACIÓN ERMITA LOS REMEDIOS
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Francisco. Baquero Luque
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Buenos días Sr. Baquero, podría, por favor, explicar su última frase en relación a la charla con el actual Alcalde de Cártama:
"Salí con una convicción: La paz de las personas tiene mucho que ver con los buenos ejemplos y coherentes propósitos".
Teniendo en cuenta todo lo escrito por usted, de este señor, por usar un término cortés, y sabiéndose la real claña de sus más de 8 años de "gobierno", es decir, hablando sus acciones patentes en fonotecas varias, instantáneas gráficas, en negro sobre blanco, etc., etc., NO logro entender su conclusión por esa conversación de 45 minutos.
Formidable actuación o conversión penitente ha podido producirse. ¿Pero suficiente para tal percepción de tan agudo observador? ¿O errónea interpretación de su manifiesta convicción post encuentro?
Atentamente, alguien que le sigue y valora.
Gracias de antemano.
Aunque no suelo contestar alusiones anónimas a mi persona, hoy hago un distingo con usted en relación a su comentario de 8//2/012 a mi artículo, "Refunfuños de viejos" que, si lo lee sin entresacos, caerá en la cuenta que lo motiva un problema sangrante de un grupo social desfavorecido de nuestro pueblo, que justifica el resto del contenido del dicho artículo.
La frase que a usted le intriga por encima del resto: "...la paz de las personas tiene mucho que ver con los buenos ejemplos...", tiene un tanto de puntual y legitima subjetividad, y obtiene su significado, muy puntual también, del contexto TOTAL.
Por otro lado, en mi larga trayectoria como colaborador en prensa escrita, siempre comprometido, imparcialmente, con la problemática sociopolítica y cultural del momento, lo mismo me he pronunciado laudatoriamente que, si ha lugar, de forma reprobatoria, dando la cara; pero siempre, atenido a la más extricta objetividad y, jamás, por partidismo sectario, ya que, para mí, eso de derecha e izquierda constituyen dos falacias ideológicas, lo que me concede una absoluta libertad de pensamiento y de expresión. ¿Me comprende usted?
Tengo en mucho su valoración de mis artículos y atención que le presta; si algún día sale del anonimato, con mucho gusto tomaría una "sin alcohol" con usted, sea la suya la ideología que fuere.
Respetuosamente
FRANCISCO BAQUERO LUQUE
España bajo el «Terror rojo»
El hispanista Julius Ruiz analiza la represión en la retaguardia republicana. Según este experto, el gobierno, «si no dirigió, amparó la brutal represión» contra cualquier «sospechoso»
Milicianos republicanos, en la Puerta del Sol de Madrid - Foto: Fondo del estudio Fotográfico Alfonso
Ser religioso, propietario, militar, empresario o falangista en España, en Madrid, en los meses de julio a diciembre de 1936, suponía una situación altamente peligrosa. Acusados de ser responsables de la rebelión militar fascista, espías, enemigos o desafectos al gobierno, corrían el riesgo de ser visitados por un comité revolucionario que, a bordo de un coche de lujo y a la manera de Chicago, lo llevaran a dar un «paseo» sin retorno. El caldo de cultivo de esta violencia venía de la fallida experiencia de la II República española, en la que los enfrentamientos entre movimientos obreros sindicalistas –anticlericales– y la derecha fueron cada vez más enconados. Aunque los datos siguen siendo discutidos, fueron alrededor de 50.000 ejecuciones las que tuvieron lugar en la retaguardia republicana, cometidas por estos grupos contra aquellos a los que percibían como enemigos de clase. Este periodo tan violento fue denominado por la propaganda franquista como «terror rojo». Y así titula su libro Julius Ruiz, hispanista hijo de españoles y profesor de Historia Contemporánea de la universidad de Edimburgo, que lo analiza de forma profusa acudiendo a fuentes documentales hasta ahora inéditas. Terror que, en palabras del autor, «socavó internacionalmente el prestigio de un gobierno que, si no dirigió, sí amparó la brutal represión llevada a cabo por el Frente Popular. Los más de 6.000 miembros del clero ajusticiados minaron gravemente su reputación y sus intentos de hacer ver en el extranjero que estaba luchando en una guerra por la democracia, sobre todo de entre los países católicos. En Inglaterra, incluso los laboristas fueron partidarios del ‘‘no apoyo’’ por esas matanzas. El gobierno no lo entendió». Sin embargo, existe la polémica sobre si los autores de las mismas fueron grupos incontrolados o se trató de una violencia dirigida y planificada desde el gobierno. Para Ruiz, «los asesinos no fueron simples delincuentes, fue el pueblo –panaderos, empleados– siguiendo el discurso exterminador de antes de la guerra que gritaba al adversario “bestia fascista”».
Las checas y Hollywood
El terror fue selectivo, unos grupos corrieron más peligros que otros –en especial sacerdotes y falangistas–, pero para el autor, al contrario de lo que piensa cierta corriente historiográfica actual, «no hubo “checas” en Madrid en el 36, sería más tarde. No hay referencias. Se habla de “comités”, pero no se aprecia influencia rusa de forma consciente ni en los discursos, ni en los métodos, aunque ambas se parezcan en sus arrestos arbitrarios, interrogatorios brutales, juicios y ejecuciones masivas. Más bien influyó Hollywood y sus películas de gánsteres. El macabro procedimiento de llevarse a alguien a “dar un paseo” tiene su origen en el gansterismo de Chicago en los años 20, no en los “chequistas” rusos. Incluso el mono, prenda simbólica de proletarios y milicianos, se hizo popular con las películas de Buster Keaton».
Justicia en la retaguardia
Los tribunales populares «fueron un intento del gobierno republicano de satisfacer las demandas del pueblo, de ofrecer una alternativa creíble –había juicio y sentencia–. Una justicia politizada, muy dura, pero que se podía comprar. Un simulacro de justicia que condenaba con tribunales revolucionarios y que, a pesar de la presión internacional, justificaba el gobierno. Muchos formaban parte de tribunales anarquistas por casualidad. El papel del gobierno fue complejo. Los grupos actuaron con autonomía, pero tenían la confianza de sus dirigentes. Pensaban que hacer la revolución y asegurar la retaguardia era lo mismo. Eliminar al enemigo interno era una consigna del PCE desde el principio y una obsesión de los comités revolucionarios. La decisión de la actuación fue de los partidos políticos y de las organizaciones obreras, que creyeron ver enemigos en todos los lados, una “quinta columna” que había que aniquilar como espías o colaboracionistas con el bando rebelde, pero eso fue más fantasía que realidad, un mito que actuó como motor de las matanzas». Y, apostilla, «cualquiera podía ser enemigo, incluso había conflictos entre socialistas, anarquistas y comunistas». Primero fue la creación de grupos de vigilancia e investigación antifascista en la retaguardia. El segundo tipo lo constituyó la brigada policial de la Dirección General de Seguridad -DGS-, lo que supuso la implicación de la policía en la red del terror. Para garantizar la cooperación de los grupos, Manuel Muñoz, director general de Seguridad (de Izquierda Republicana) creó el Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP) como ayuda a la DGS y de gran protagonismo en la «purga» de fascistas. Este fue el punto neurálgico en la red del terror recibiendo y ejecutando prisioneros. Ambos organismos participaron en las «sacas» de reclusos para matarlos fuera de la cárcel. Además, estaba el SIM, la temida Policía secreta militar, y la Junta de Defensa de Madrid -JDM-, cuya Conse-jería de Orden Público dirigió Santiago Carrillo. El gobierno de Largo Caballero estaba preocupado por la gran concentración de «fascistas», potenciales soldados de Franco que se acercaba a Madrid y podía liberarlos. ¿Qué hacer? Ante la pasividad del Gobierno, sería el CPIP quien resolvería el problema. El proceso acabó con las matanzas de Paracuellos.
El detalle
CARRILLO Y LOS 2.500 ASESINADOS DE PARACUELLOS
Hasta Paul Preston ha dicho que Carrillo sabía lo que pasó en Paracuellos. El 28 de octubre hubo una saca organizada de la cárcel de Ventas hacia esa localidad. Antes de llegar Carrillo, ya habían fusilado a 190. Para Julius Ruiz, «su importancia no fue que ordenara la matanza, sino que la apoyó políticamente, facilitó la logística e incorporó a los dirigentes en su nueva policía revolucionaria, es decir, fue cómplice, al igual que el gobierno republicano. Cesaron en diciembre por la orden de un simple subsecretario. Carrillo no opuso resistencia a esta orden de cesar las sacas, pero no por una razón humanitaria, sino por una orden del gobierno». En opinión del autor, «fueron 2.500 fusilados».
«Terror rojo»
Julius Ruiz
Espasa
480 páginas. 22,90 euros.